Resumen
Después de 124 días de una de las mayores tensiones comerciales recientes entre ambos países, Colombia y Ecuador eliminaron los aranceles extraordinarios que se habían impuesto mutuamente.
En esta noticia analizamos qué originó la disputa, cómo se llegó a la solución, qué oportunidades surgen ahora para exportadores e importadores y las enseñanzas que dejó esta «guerra comercial».

Cuando la política llegó a las aduanas
Durante años, Colombia y Ecuador han mantenido una de las relaciones comerciales más dinámicas de la región. Miles de camiones cruzan cada mes el puente internacional de Rumichaca transportando alimentos, medicamentos, insumos industriales, productos químicos y bienes de consumo.
Por eso, cuando comenzaron a aparecer aranceles extraordinarios a principios de 2026, el impacto fue inmediato.
Todo empezó el 21 de enero, cuando el gobierno del presidente Daniel Noboa anunció una "tasa de seguridad" del 30 % sobre las importaciones colombianas, argumentando una presunta falta de cooperación de Colombia frente al narcotráfico.
Colombia respondió el 24 de febrero con aranceles recíprocos del mismo porcentaje, formalizados mediante el Decreto 170. La escalada no se detuvo ahí: en mayo, Ecuador elevó su arancel hasta el 100 % sobre determinados productos colombianos.
Lo que empezó como una discusión de seguridad fronteriza terminó convirtiéndose en una guerra comercial que afectó directamente a empresas, transportadores y consumidores de ambos países.
El costo real de los aranceles: exportaciones colombianas caen 46,1 %
Los efectos no tardaron en reflejarse en las cifras.
Según un análisis del centro de estudios económicos ANIF, las exportaciones colombianas hacia Ecuador registraron una caída anual del 46,1 % entre febrero y marzo de 2026. Las ventas pasaron de US$318 millones en el mismo periodo de 2025 a US$172 millones en 2026.
Los sectores más golpeados fueron combustibles, maquinaria, equipos eléctricos y productos químicos, lo que evidenció la alta sensibilidad de los encadenamientos productivos de la región andina frente a las fricciones comerciales, según el mismo análisis de ANIF.
A nivel empresarial, para muchas compañías, especialmente pequeñas y medianas, Ecuador representa uno de los destinos naturales para iniciar procesos de internacionalización, debido a su cercanía geográfica, similitudes culturales y menores barreras logísticas. Por eso, cuando ese mercado se frenó, las consecuencias se sintieron de inmediato en las ventas, los inventarios y el flujo de caja.
La CAN intervino: fue clave para cerrar la disputa
El conflicto terminó llegando a la Secretaría General de la Comunidad Andina (CAN).
A través de tres resoluciones emitidas el 7 de mayo de 2026, la Secretaría General de la CAN declaró ilegales las medidas arancelarias impuestas por ambos países y les concedió un plazo máximo de diez días para desmontarlas.
Javier Díaz Molina, presidente de Analdex, calificó la decisión como una "muy buena noticia" y advirtió que la declaración de la CAN ya no era solo una recomendación, sino "una obligación para los países"
La decisión fue relevante porque recordó un principio fundamental para los distintos actores del comercio exterior: La integración andina no es solamente una intención política. Es un marco jurídico que establece reglas claras para el comercio entre los países miembros.
El fin de la guerra arancelaria
El primer paso llegó desde Ecuador. El gobierno ecuatoriano oficializó la eliminación de los aranceles extraordinarios a productos colombianos con vigencia desde el 1 de junio de 2026.
Colombia respondió días después con el Decreto 0583, firmado el 5 de junio por el presidente Gustavo Petro, que puso fin a 124 días de tensión comercial entre ambos países.
Con estas decisiones, ambos países restablecieron las condiciones normales del comercio bilateral y dieron por terminado uno de los episodios comerciales más tensos de los últimos años.
¿Qué cambia ahora para exportadores e importadores?
La eliminación de los aranceles no significa que todo volverá a la normalidad de un día para otro.
Sin embargo, sí elimina una barrera que encarecía las operaciones y reducía la competitividad de los productos en ambos mercados.
Para los exportadores colombianos, el levantamiento de las medidas representa:
Para los importadores, también supone menores costos de adquisición y una reducción de la incertidumbre regulatoria que caracterizó los últimos meses.
La lección que deja esta crisis comercial
La principal enseñanza de este episodio es que el comercio internacional puede cambiar más rápido de lo que muchas empresas imaginan.
Como señaló ANIF en su análisis, esta disputa "ha puesto a prueba uno de los pilares históricos de la integración regional andina", dejando en evidencia la vulnerabilidad del comercio bilateral frente a tensiones que, en este caso, ni siquiera nacieron de razones estrictamente comerciales.
Por eso, más allá del alivio que representa el levantamiento de los aranceles, las empresas deben fortalecer su capacidad de monitorear riesgos, diversificar mercados y mantener una estrategia de comercio exterior flexible.
Porque en el comercio internacional no gana quien reacciona más rápido al problema. Gana quien se prepara antes de que aparezca.
En Xemdal seguimos de cerca los cambios que impactan el comercio exterior para ayudar a nuestros clientes a tomar decisiones informadas, reducir riesgos y aprovechar las oportunidades que surgen en un entorno internacional cada vez más dinámico.
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